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El etanol no amenaza al ambiente
Luiz Inacio Lula da Silva
Hoy voy a visitar al presidente George W. Bush en Camp David para continuar las conversaciones que iniciamos en San Pablo hace algunas semanas. Dimos un importante paso hacia el compromiso por parte de nuestros países para la fabricación de fuentes de energía limpias y renovables, que aseguren la prosperidad de nuestros pueblos protegiendo al mismo tiempo al medio ambiente.
Vamos a asociarnos para mejorar el papel del etanol en las mezclas de combustible de nuestros países y también vamos a tomar medidas para que el biocombustible sea más accesible para todos.
Esta iniciativa tiene como punto de partida lo que Brasil logró en materia de biocombustibles. Treinta años de investigaciones hicieron que mi país se autoabastezca en materia de petróleo al reemplazar por etanol el 40% de nuestro consumo de nafta. Los motores conocidos como "flex-fuel", que funcionan con cualquier combinación de biocombustibles, convirtieron al etanol en una fuente de energía segura y confiable.
De todos modos, el etanol y el biodiésel son más que una respuesta a nuestra peligrosa "adicción" a los combustibles fósiles. Además de ser renovables, los biocombustibles en Brasil son limpios y competitivos.
El etanol fabricado a partir de caña de azúcar no deja residuos ya que todo es reciclado y los productos derivados de su producción son utilizados para enriquecer al suelo. Otro dato igualmente importante es que la caña de azúcar secuestra el carbono de la atmósfera, lo que ayuda a reducir los gases "efecto invernadero".
Estas fuentes de energía alternativa ayudan a reducir la dependencia del mundo de unos pocos países en materia de energía. El acuerdo entre Brasil y Estados Unidos facilita la diversificación de la producción de biocombustibles a través de alianzas triangulares con terceros países.
Para que estas propuestas puedan avanzar, se deben sentar las bases primero para un mercado mundial para estos combustibles. Brasil y EE.UU. se sumaron a la India, China, Sudáfrica y la UE en el lanzamiento este mes del Foro Internacional sobre Biocombustibles. Su objetivo es garantizar las condiciones necesarias para que el etanol, y el biodiésel más tarde, se conviertan en commodities que se comercialicen en todo el mundo. Esto sólo podrá lograrse si el comercio en biocombustibles no se ve obstaculizado por políticas proteccionistas. Después de todo, los subsidios de EE.UU., conforme al programa de etanol basado en el maíz, generaron un aumento en los precios de los cereales norteamericanos de cerca de un 80%. Esto afecta a los procesadores de soja y carne de todo el mundo.
El éxito del programa de etanol brasileño ayudó también a desterrar algunos mitos. El etanol no es una amenaza a los bosques tropicales ya que el suelo del Amazonas no es apto para el cultivo de la caña de azúcar.
La caña de azúcar tampoco amenaza la producción de alimentos. Menos de un quinto de los 340 millones de hectáreas de tierra cultivable de Brasil es utilizado para las cosechas. Para cosechar la caña necesaria para el etanol, se utiliza nada más que el uno por ciento, o 3 millones de hectáreas. En cambio, 200 millones de hectáreas son dedicadas a pastura, y allí la producción de caña está comenzando a expandirse. El verdadero desafío para brindar seguridad en los alimentos reside en vencer la pobreza de quienes habitualmente tienen hambre.
Sí, se deben mejorar las condiciones de trabajo de los cosechadores de caña y estamos totalmente decididos a hacerlo. Sin embargo, este tema no justifica que haya duras críticas contra una actividad económica que emplea y es fuente de esperanza para tanta gente en Brasil y en el mundo.
La agricultura ofrece no sólo alimentos sino una forma de vida para millones de pequeños granjeros de todo el mundo. La propagación de la caña de azúcar, la soja y otras cosechas de oleaginosas destinados a biocombustibles garantizará que las familias del campo más necesitadas cuenten con los medios para alimentarse.
El secreto para la seguridad energética reside en diversificar nuestras fuentes de energía. Brasil y EE.UU. representan más del 70% de la producción mundial de etanol. Compartimos mercados y conocimiento para la producción de una energía más limpia y efectiva.
Lula da Silva es presidente de Brasil. Publicado originalmente en el Washington Post en ocasión de la visita del presidente Lula al presidente Bush. Publicado en castellano en Clarín (Buenos Aires), 31 de marzo 2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos. |